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La base de mi trabajo como asesora de imagen es guiar al cliente a ser su propio ícono de estilo, ayudándolo a tener una mirada honesta y sin prejuicios frente al espejo, y a escuchar su propia voz sin ruido exterior. Descubrirnos como realmente somos, sentimos, y pensamos, es el primer paso hacia saber qué queremos transmitir con nuestra imagen, y hacer que las personas tengan la impresión correcta de cuáles son nuestros valores y cómo nos sentimos.

La confianza en uno mismo no se adquiere, se construye

Muchas veces, quienes buscan el servicio de asesoría de imagen llegan hablando de “defectos” y “zonas problemáticas” a disimular, o buscando ropa para “sentirse seguros”. El problema con estos planteos es que están basados en concepciones erróneas sobre el propio cuerpo, y en una sobrevaloración del rol de la ropa, alimentada por bandadas de “influencers”, ideales de belleza concebidos desde sensibilidades concretas; o concepciones del entorno laboral o familiar que ignoran la experiencia interna. El problema con ese encare y la búsqueda incansable por encajar, es que la clave para una relación satisfactoria con nuestra imagen personal viene de dentro de uno, no desde afuera.

En un mundo donde todo tiene que ser compartido, sintonizar con el interior es cada vez más difícil. Por ello, tomarse unos minutos al día, cada día, para mirarnos y escucharnos es fundamental.

El primer ejercicio, es aceptar nuestro cuerpo. Entenderlo como un todo. Todos tenemos algo que no nos satisface, y muchas veces, no nace de nosotros la insatisfacción sino que es inculcada. Fijar la atención en eso es perder el bosque por el árbol: tu cuerpo es uno sólo, no el resultado de “tus puntos fuertes menos tus puntos débiles”. En mi infancia y adolescencia sufrí bullying por mi complexión. Mi proceso de aceptación empezó por dejar de reparar en eso, y sé que es difícil si te lo recuerdan cada día dos o tres días de clases de manera hiriente. El clic fue cuando comencé a valorar cosas como sus proporciones y una constitución fuerte que me permite ejercitar y disfrutar de largas caminatas: dos de mis actividades favoritas hasta el día de hoy. ¿Cómo podés hacer esto? Parate frente al espejo, y recorre con la mirada sin detenerte. Enfócate en el estado general, en su forma, en cómo te sentís en ese momento, y en todo lo que tu cuerpo te permite hacer (jugar con tus hijos, tener alguna habilidad como cantar, nadar, bailar, sentir el sol por las mañanas) y agradecerte por ello. Una mirada sana frente al espejo es el principio de toda transformación.

Lo segundo es conectar nuestro cuerpo con nuestra mente y sentimientos. Para ello te propongo registrar lo que experimentes de manera sencilla y espontánea, respondiendo en un momento al terminar el día, acompañado de tu música o bebida favorita, las siguientes preguntas en un diario:

¿Qué estoy haciendo bien?

¿Cómo me siento?

¿Qué errores cometí y qué aprendí de ellos?

¿Qué logros tuve y qué aprendí de ellos?

¿Qué tipo de personas quiero a mi alrededor?

Por último, registrá qué llevabas puesto ese día: ropa, accesorios, perfume, maquillaje.

Es un ejercicio poderoso que al cabo de unas semanas te colocará en el camino correcto para ser tu propio gurú de moda y belleza. Al final de cada semana, repasa tus respuestas. Esas cosas que despiertan tu curiosidad son la clave para comenzar a conquistar tu estilo y ahí estaré para guiarte en ese proceso transformador de ser el amo de tu propia imagen.